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Mamirami

viernes, 9 de agosto de 2013

Feminismo y Maternidad ¿Incompatibles?

Foto: Raúl Hernández González
No me gusta nada cierta corriente feminista (que no todo el movimiento feminista en sí, ojo) que se empeña en la igualdad de hombre y mujeres cueste lo que cueste, que desprecia actos tan naturales como la lactancia o la crianza que, según dicha corriente, nos esclaviza y nos hace vulnerables, los identifica como lacras que arrastramos desde el inicio de los tiempos y nos aleja de la preciada libertad (masculinizada, por supuesto).

Estoy un poco harta de que se use la palabra retrógrada a las madres que no comulgamos con esta corriente, que, al menos para mí, lejos de progresista, mantiene a la mujer en un engranaje de obediencia y privada de una verdadera libertad.

Resulta que para ser progresista y colaborar con la verdadera y deseada liberalización de nuestro género una sólo tiene que hacer una cosa muy sencilla: Convertirse en un hombre.

¿En qué se traduce todo esto? En ideas claras y asentadas tales como que la maternidad es una esclavitud y la lactancia ya no digamos...  Así pues, la crianza con apego y el deseo de permanecer en casa junto a nuestros hijos sin trabajar (de forma temporal o definitiva), sólo nos convierte en retrógradas de pantuflas y rulos, que sólo quieren llevarle las zapatillas a su marido cuando llega de trabajar, hacer comidas y cenas, aguantar algún que otro improperio, decir a todo que sí. y asumir que somos un sexo inferior.

Pues señores y señoras, discrepo ¡Y mucho! 

¿Qué libertad estáis pidiendo cuando vosotras mismas nos estáis acusando y lapidando por nuestras formas de actuar? Un tanto incongruente ¿No?

Para mí, con respecto a la maternidad, el ensalzamiento real de la mujer supone dos cosas: 

1º. Libertad de elección y respeto: Si quiero quedarme en casa con mi hijo (de forma permanente o temporal) porque puedo permitírmelo, lo hago.

Si quiero o tengo que trabajar, tengo todo el derecho a pedir medidas conciliadoras que  me permitan mi ejercer mi doble papel.

2º. Empoderamiento de la mujer como tal y su género: En caso de querer ser madre, respeto a elegir tipo de crianza: Porque aunque esta corriente considere conceptos tales como el colecho, la lactancia o la crianza con apego propios de una sociedad machista misógina que sólo quiere tener a la mujer atada a las falta de su hogar, para mí, ser madres es una de las mayores exaltaciones de mi género: Poder gestar una vida, parirla, alimentarla con mi propio cuerpo y consolarla sólo con mi contacto ¡ Eso sí que es poder femenino !

Esta constante obsesión de igualarnos con el hombre nos has robado tiempo de crianza para con nuestros cachorros, tiempos que no son recuperables ni negociables. Nos ha hecho sentir culpables por querer quedarnos con nuestros hijos en lugar de salir corriendo a los 4 meses a seguir siendo parte activa del mercado laboral.

El verdadero machismo radica precisamente en eso, en querer guiarnos por el caminito sin dejarnos ser verdaderamente libres. Decir que hemos progresado me resulta irrisorio cuanto menos. ¿De verdad? Ahora no somos esclavas de la casa y de nuestros hijos ¡ No ! ¡ Mucho mejor ! Ahora trabajamos dentro y fuera de casa ¡ Menuda liberalización !

El verdadero empoderamiento femenino vendrá cuando DE VERDAD seamos LIBRES para DECIDIR. Cuando actos propios del género femenino como gestar, parir y lactar no sean vistos como lacras si no como virtudes únicas y maravillosas de nuestro sexo.

Soy una madre de teta, crianza con apego y colecho, y no, no soy una mujer abnegada que sólo vive por y para su marido (de hecho, no estoy casada legalmente). Me estoy labrando mi camino laboral para poder llegar a dedicarme a lo que verdaderamente me apasiona aunque eso no signifique que las medidas de conciliación de esta país me parezcan un chiste de mal gusto, y os aseguro que en mi casa no llevo rulos ni bata, las tareas se comparten a medias y mi género no resulta cuestionado nunca.

No sólo no quiero ser un  hombre, si no que estoy encantada de ser una mujer y de todo lo supone: lactancia y crianza incluida.

Porque, a todo esto, yo me pregunto ¿Querer igualarnos con el hombre no es lo más machista que habéis oído nunca? 

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